Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska

Cuando el corazón no atiende a razones, ni siquiera el dolor es capaz de abrirnos los ojos

Querido Diego, te abraza Quiela, es la desgarradora historia de un amor obsesivo y ciego. Cartas que la pintora rusa Angelina Beloff, envía desde Paris a su marido, Diego Rivera, tras su regreso a México. Una distancia que la artista se niega a aceptar como definitiva, pese al silencio con el que son recibidas cada una de sus misivas. Retazos de una historia diseccionada a corazón abierto. Recuerdos de un amor que duró más de diez años, sin que los repetidos engaños, el abandono, el frío, las restricciones o el hambre, secuelas de la Primera Guerra Mundial, consiguieran gangrenar.
Éste es un libro de personajes complejos y opuestos, que a menudo despiertan incomprensión, encabezados por la despiadada personalidad de Diego Rivera. Un hombre capaz de despertar pasiones desmedidas, pese a su total incapacidad para corresponder a tal entrega. Una singularidad que tendrían que sufrir sus cuatro esposas, Frida Khalo entre ellas, y un asombrosamente extenso rosario de amantes.

Elena Poniatowska, escritora mexicana de origen ruso y Premio Cervantes 2013, teje en Querido Diego, te abraza Quiela, un precioso mosaico de vivencias. La complacencia con la que la protagonista acepta y justifica la traición y el silencio, se nos clava en el corazón como una astilla. Un vacío, agravado por la muerte de su único hijo y el ostracismo al que la condenan los amigos comunes, incómodos y confundidos ante la extraña situación. Sentimientos en carne viva, dominados por la esperanza de que Rivera vuelva o mande a buscarla. Y como telón de fondo, el arte como refugio, al que la falta de inspiración condena a morir cada día.
¿Cómo una artista acostumbrada a percibir y plasmar cada detalle, con una asombrosa claridad, es capaz de hundirse en un océano de negación? Solo una prosa como la de Elena Poniatowska, viva y expresiva, podía hacernos entender ese amor desmedido, al que ni siquiera la ausencia, consiguió desgastar.