“El verdadero lujo será ser dueño de tu tiempo”

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Rüdiger Safranski inaugura el 60º aniversario del Instituto Goethe de Madrid evocando a Nietzsche y reflexionando sobre el discurrir de la existencia.

“Trump es un síntoma de la Twitter-política”

Rüdiger Safranski (Rottweil, 1945), uno de los pensadores alemanes más importantes del cambio de siglo, ha sido el encargado de abrir este lunes los actos conmemorativos del 60º aniversario del Instituto Goethe en Madrid con una charla sobre Nietzsche. Además, el filósofo ha presentado Tiempo. La dimensión temporal y el arte de vivir (Tusquets), un libro que verá la luz el próximo mes de marzo y en el que se plantea la gran pregunta a la que le dio tantas vueltas San Agustín.

¿Cómo entiende usted el tiempo?

A diferencia de otros seres que habitan en este planeta, somos conscientes del tiempo y de que podemos hacer algo en ese tiempo. ¿Y qué hace el tiempo con nosotros? Envejecemos, nos morimos. Pero nosotros, los seres humanos, tenemos los relojes. Y con su ayuda organizamos nuestra vida social. Podemos decir que el reloj es la máquina más importante de la época moderna, porque gracias a él damos ritmo a nuestra vida y nos enlazamos con otras personas. Ésa es la importancia que tiene el tiempo para nosotros.

¿Se puede evitar nuestro conflicto con el tiempo?

Sí, porque el tiempo, por sí mismo, nunca es escaso. Sólo lo es en relación con lo que tienes previsto hacer en ese tiempo. Por ejemplo, cuando se enteró de que estaba escribiendo el libro, mi editorial me pidió si lo podía tener medio año antes, porque le venía mejor. Y no: el libro necesitaba su tiempo. Podríamos lograr mucho si, para cada cosa que nos proponemos, nos dejásemos el tiempo que sabemos que hace falta para hacerlo. Es como tocar una sonata de Beethoven y hacerla más rápido porque tienes prisa.

¿Se puede escapar del tiempo o estamos ‘condenados’ a ser sometidos por él?

 En ese sentido, no soy demasiado pesimista porque me doy cuenta una y otra vez de que, en el fondo, todos tenemos un margen de maniobra mucho más amplio del que pensamos que tenemos y del que utilizamos. A veces uno mismo se declara como impotente y decide que no tiene que tomar las riendas de un asunto. Hay un debate cada vez más vivo sobre cómo gestionamos nuestro tiempo. Hemos tardado mucho en cuestiones sobre cómo tratar bien a la naturaleza, pero hemos tardado menos en plantearnos, por ejemplo, como están haciendo los sindicatos en Alemania, si los trabajadores deben estar localizables en todo momento. Parece mentira que tengamos que luchar por ello. El mayor lujo que vamos a tener en el futuro es ser soberanos de nuestro tiempo, no comprarte un coche de gama alta.

Pero en su libro habla del vértigo de la velocidad contemporánea.

No se puede evitar. Ahí es la técnica la que marca la percepción que tenemos. La humanidad nunca había conocido esta simultaneidad que vivimos actualmente, con la posibilidad de comunicarnos al mismo tiempo con puntos muy lejanos. Esto cambia mucho la percepción del tiempo y hace que estemos en una sensación de permanente nerviosismo. Hay aquí algo muy interesante y es la peculiar contradicción entre esta comunicación simultánea que nos permite vivir el momento presente y esta situación que vemos a menudo de gente que está fotografiando todo continuamente, que no está viviendo el presente, para poder verlo en otro momento. Además, confundimos la experiencia con la información. Para algo que me llega como información, que recibo y retengo, se convierta en experiencia, hace falta algo más. Es como las antiguas fotografías, que necesitaban un revelado, un baño de fijador… No nos dejamos el suficiente tiempo para que una información se convierta en experiencia. Por eso somos tan ricos en lo primero y tan pobres en lo segundo.

¿Qué le parece la llegada de Trump?

Trump es un síntoma de la Twitter-política. No se siente apoyado por las viejas instituciones de la democracia, sino por una alianza populista vía redes sociales. Y eso es una gran y preocupante amenaza. La democracia se basa en que haya una división de poderes y un estado de derecho, mientras que el populismo se nutre del desenfreno de las redes sociales.

Así que la tecnología no nos ha hecho más libres.

Lo que crece a nuestro alrededor son los medios tecnológicos, que cada vez son mayores y que la filosofía denomina “razón instrumental”. Es lo que triunfa en nuestros días, y tengo la sensación de que esa razón basada en la reflexión lo que hace es correr detrás de la razón instrumental, aunque sin poder alcanzarla. Habermas escribió en los años 60 su primer gran libro, Historia y crítica de la opinión pública: la transformación estructural de la vida pública. Ahí hablaba del surgimiento de ese cuarto poder de la opinión pública, formada a partir de los periódicos y de las conversaciones entre la gente. Creo que ahora nos faltaría que se volviese a escribir un libro sobre esa transformación estructural, pero tal y como lo estamos viviendo ahora. Todos recordamos el momento en que surgió internet y las grandes esperanzas democráticas que se depositaron en este nuevo medio, porque se pensaba que iba a permitir una opinión pública más amplia y un sistema político más transparente. Pero es ahora cuando nos estamos dando cuenta de que no es la política la que se haya hecho más transparente, sino nosotros. Y eso nos hace más controlables. Por ejemplo, Twitter es en teoría horizontal, pero arriba del todo lo utiliza Trump y cuando lo hace la bolsa puede caer o el presidente mexicano puede anular una visita oficial.

DE REFUGIO DE SAVATER DURANTE EL FRANQUISMO A FARO DE LA CULTURA EN MADRID

En 1957, cuando el Instituto Goethe abrió sus puertas en Madrid, apenas era un centro para la formación de profesores de alemán. Pero, con el paso del tiempo, aquel proyecto con el que la República Federal Alemana empezó su reconstrucción cultural tras las ruinas de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una de las instituciones culturales más importantes del mundo, hasta el punto de convertirse en modelo para el Instituto Cervantes Español. «aunque nosotros tengamos una mayor independencia política», explica Margareta Hauschild, directora del centro español. En estos 60 años de historia, lo lingüístico ha tenido mucha importancia, pero no sólo eso. «A mediados de los 60 cuando la universidad madrileña empezó a plantear problemas al régimen de Franco, el Goethe se convirtió en un refugio para los jóvenes intelectuales, Incluso Fernando Savater llegó a refugiarse aquí para no ser detenido» recuerda Hauschild.

Aunque la programación cultural, con especial atención a los pensadores alemanes como Safranski, suponga todavía una parte importante de su actividad, el peso del estudio de idiomas ha experimentado un repunte en los últimos años, sobre todo a raíz de la crisis económica y de la emigración de jóvenes españoles a tierras germanas. Así, de 4.000 alumnos matriculados en cursos en 2010 se pasó a 7.500 en 2012, en el momento más duro de la crisis, para volver a las cifras de hace siete años en el momento actual, más relajado.

Por este papel, Hauschild invita a todo el mundo a que conozca la programación y la oferta cultural que ofrece el Goethe, que en este año de aniversario tiene programados actos en torno a su importante colección cinematográfica, que tiene como base un archivo con más de 700 títulos que abarcan desde los comienzos del cine hasta las más actuales producciones alemana, pasando por títulos como ‘Paris. Texas’, de Wim Wenders, uno de los largometrajes que se proyectarán en el aniversario.

Darío Prieto / El Mundo