Sexo, dinero y amor en ArtBasel Hong Kong

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La feria de arte más importante del mundo por volumen de ventas y de adinerados visitantes no da un paso sin saber a ciencia cierta lo que hace

La franquicia ArtBasel, la feria de arte más importante del mundo por volumen de ventas y de adinerados visitantes, no da un paso sin saber a ciencia cierta lo que hace. Desde su Basilea natal, primero se instaló en Miami y ahora, desde hace cinco años, se ha venido a Hong Kong. El mercado asiático, con China a la cabeza, sigue creciendo en expectativas. De hecho, una mítica firma de subastas como Christies’s ha cerrado una de sus salas más pomposas de Londres para concentrarse en estos lares, con su bahía, sus rascacielos y sus brumas de mañana, tarde y noche que para nada hacen presagiar un choque frontal entre las barcazas de pesca que transitan su bahía. Empiezo hablando de dinero, alterando la ecuación del título, pero termino con unos cuantos datos más: 242 galerías participan en el conglomerado de la feria, ninguna española. Solo atisbamos Madrid en la cartela de la internacional Marlborough. Hasta aquí la primera parte sobre la matemática incierta de los números del arte que suben y bajan.

Ya dice el bolero que tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. Cambiemos la primera premisa por sexo -aunque sin salud no puede haber demasiado sexo- y habremos entrado en la última edición de ArtBasel Hong Kong de la mano de una de sus tendencias. No hay por qué alterarse, cuando hablo de sexo me refiero a una línea dominante en algunas de las obras expuestas en esta feria donde se juega con la sensualidad y la sexualidad. Y quien habla de ello, sobre todo, son las mujeres para liberarse de una cierta y muy incierta sumisión. Para denunciar, no para calentar el ambiente.

Hong Kong, conviene comentarlo también, es una ciudad de alto contenido erótico, de humedades ocultas y consentidas. De una libertad de la que presume sin tapujos. No en vano, en uno de sus museos de arte contemporáneo se celebra una muestra («Ambiguously yours») dedicada a los asuntos de género (o de transgénero), a través de la estética, la vida y la obra de algunos de los personajes de su cultural popular, nocturna, musical, televisiva y cinematográfica.

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Regresamos a la feria, desde una artista joven, como la china Cao Yu (1988), a una veterana y consagrada Louise Bourgeois, toman el sexo por la mano y hablan de él, no para conquistar sino para denunciar. La primera con su obra «Queen and Venus» donde hace mención explícita a los órganos sexuales femeninos frente a los masculinos. Pero el sexo no es explícito, cada símbolo en su rincón. El pene es una especie de muñequito a pilas que se mueve bajo una sábana rosa, y la vagina una rasgadura en un lienzo colgado de la pared. Sexo explícito es el que se practica en la maravillosa serie de acuarelas de Louise Bourgeois. Como siempre, a vueltas con sus obsesiones desde que su padre se echara una amante, la niñera, y ella lo supiera todo. Louise Bourgeois no juega a la tontuna o el tonteo, ella sabe muy bien de lo que habla.

El manga tiene mucho de perverso, por ello la obra de la creadora japonesa Aya Takano, da vueltas a esas lolitas de corte oriental que emergen de una pieza gigantesca, lo más parecido a una falla a punto de ser quemada por la santa inquisición del buen gusto. La inocente provocación, con falda corta y tirita en la rodilla, crece en unas esculturas que, por supuesto, son el blanco de todos los móviles y sus cámaras. Entonces es cuando me vienen a la cabeza las fotografías de Nobuyosi Araki, de mujeres sometidas a códigos que desde nuestro Occidente nadie entiende y hasta enfadan. Pongo la cadena MTV por la noche en el hotel y me asalta de nuevo otra cultura pop y visual que ha internacionalizado el manga. La Heidi de nuestras infancias ha perdido toda compostura.

Para cerrar la línea caliente del sexo y sus provocaciones, pasemos a la pudibundez o censura pacata que esboza la artista neozelandesa Michael Parekowahi en otra escultura de corte realista y tamaño gigantesco, que reproduce un gran bebé («Putto»), cuyas partes bajas simulan estar pixeladas. ¿No se quitaron y pusieron «bragettone» a los ángeles de la Capilla Sixtina? Todo esto es lo que se ve más a las claras, no digamos lo que corre bajo códigos secretos. Aquí lo temeroso se mezcla con lo temerario.

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Los móviles haciendo fotos acá y allá, emergen por todas partes. Desde luego, ArtBasel Hong Kong es una feria de arte para ser fotografiada. Así como otras han perdido esa sana costumbre (pongamos el caso de ARCO), la de Hong Kong llena la memoria fotográfica del móvil. De las piezas citadas a la que se ha convertido en la estrella: «Summit», del artista chino Shen Shaomin, la escultura de un Fidel Castro de cuerpo presente echado en la cama de un hospital junto con los «cadáveres» de otros dictadores de los regímenes comunistas protagonistas del siglo XX, y el XXI: Lenin, Ho Chi Minh, King II Sung, y Mao. Pero hay unas cuantas, más porque el kitsch oriental llevado a los terrenos del arte a nadie deja indiferente. Todo ello trufado por una marcada tendencia a la imagen escultórica de corte realista, por eso no sorprende encontrar una de las características piezas de Juan Muñoz: sus personajes sonrientes (a los que habitualmente se les llama chinos) sentados en unas sillas colgadas de la pared.

Y hemos llegado al terreno español. Aquí entra en juego el amor, llamémoslo a la patria, que a uno le entra cuando está fuera de su casa. Buscar, he buscado y encontrado poca cosa, además de lo mismo de siempre: Picasso (forever), Miró, algún Tàpies y Barceló y Plensa, por supuesto, con sus esculturas de personas acurrucadas compuestas con palabras. Extendamos lo español a lo latino, y voy a destacar la obra del chileno Iván Navarro, cuyos trampantojos de neón te atrapan la mirada como pozos sin fondo que son, y del filipino Pío Abad (el nombre delata su ascendente) con su pieza «Not a Shield, but a Weapon», compuesta por 180 bolsos iguales –reproducen el modelo que llevó la Thatcher en su momento siempre colgado del brazo- que se extienden por el suelo como una alfombra perfectamente alineada. La pieza habla del poder… y es vecina de los cadáveres vivientes antes citados. Como la galería mexicana Kurimanzutto se estrena este año en ArtBasel Hong Kong, nos sirve toda su plantilla de artistas para aderezar lo latino. Y hasta aquí puedo leer en castellano.

Siempre es complicado destacar piezas en la inmensidad de una feria, tan alejada además de las coordenadas occidentales, pese a que quieren atraer a toda clase de coleccionistas. Aquí hay galerías europeas y norteamericanas que veríamos en cualquier otra feria importante de nuestro lado del mapa, pero también de sitios como Indonesia, Australia, Singapur, Filipinas…, cuyas salas y artistas no teníamos atisbados. Por tanto, voy a destacar una pequeña muestra de lo que se lleva mi móvil en su inmensa memoria de imágenes: piezas del brasileño Cildo de Meireles, trabajos de Marcel Duchamp con su Gioconda y su retrete en miniatura (divertimentos), fotografías sublimes del Irán natal nevado de Abbas Kiarostami, un retrato maravilloso de David Bowie firmado por Anton Corbjin, el laberinto de caña de bambú (como los andamios de la zona) de Tiravanija, la casa roja de bambú del paquistaní Rasheed Araeen, la esculturas-cuadro con telarañas de hilos de Chiharu Shiota, la silla de cemento de Doris Salcedo, el edificio de papel de Liu Wei titulado «Library», un extraño monstruo de Erwin Wurm, titulado «Big Psycho»…. Y, por supuesto, lo anteriormente citado.

Se darán cuenta de que no menciono a Ai WeiWei, el artista chino disidente más internacional. Sólo he podido descubrir una de sus piezas típicas hechas con vasijas, que no lleva cartela, pero que cuando unas señoras preguntan al galerista si es de él y reciben una respuesta afirmativa, fibrilan de la emoción. Resulta extraño que Ai Weiwei, el rey en cualquier otra feria, pase aquí desapercibido. Da que pensar.

Enfriemos el ambiente con los datos que se han presentado aquí en Hong Kong, según un informe de UBS. Respecto a 2015, el volumen de ventas ha bajado un 11%; lideran el mercado, por países, Estados Unidos, que se lleva casi la mitad de la tarta, Gran Bretaña y China; los «dealer» (entiéndase galeristas) han incrementado su negocio en un 3%; las ventas a entidades públicas (museos…) han caído un 26%; el arte contemporáneo acapara el 52% del mercado, y las ferias no mueren, sino que se reproducen y crecen en ventas un 5%. Larga vida al mercado del arte. Salud, dinero y amor.

Laura Revuelta / abc