El secreto oculto de la piel del ‘Moisés’ de Miguel Ángel

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Unos trabajos de restauración reconstruyen la luz que tenía originalmente la icónica escultura.

A final del siglo XIX se tapió una de las ventanas de la basílica de San Pietro in Vincoli, en Roma, al construirse al lado la facultad de ingeniería. En lo que nadie reparó entonces es la gran importancia que tenía aquella ventana justo en el lugar en que se encontraba.

En la basílica de San Pietro in Vincoli está una de las esculturas más emblemáticas de Miguel Ángel: el Moisés, que forma parte de la monumental tumba del papa Julio II. Ahora, más de un siglo después de que se tapiara aquella ventana, se ha descubierto que Miguel Ángel esculpió las estatuas de la tumba de forma diferente en función de la luz natural que recibían. El secreto ha permanecido escondido durante tantos años porque simplemente las esculturas se encontraban en la penumbra.

«Ya se sabía que había una ventana, y que el Moisés miraba hacia el lado por donde entraba la luz de la ventana», explica el restaurador italiano Antonio Forcellino, que se encargó de limpiar el conjunto escultórico de mármol blanco entre 1999 y 2001, y el pasado otoño continuó con las labores de restauración. Precisamente, durante estos trabajos de limpieza, se percató de que algunas zonas del Moisés están especialmente pulidas, mientras otras, se caracterizan por su rugosidad.

«Hasta ahora no entendíamos por qué Miguel Ángel daba un tratamiento diverso al mármol en una misma escultura, pero ahora lo hemos descubierto por fin», celebra el restaurador. «Las zonas más pulidas corresponden a las partes de la tumba de Julio II que se encontraban expuestas de forma directa a la luz natural que entraba por la ventana», asegura Forcellino. «Eso hacía que el sol se reflejara y estas partes tuvieran una apariencia muy brillante», sigue describiendo el restaurador. «En cambio, las zonas más rugosas eran las que quedaban en la sombra», argumenta.

Según Forcellino, esto permitió conseguir a Miguel Ángel una mayor profundidad y expresividad en su obra, que ningún otro autor logró. «Miguel Ángel lo pudo hacer porque era un gran escultor, pero también un gran pintor. De hecho, aplicó a sus esculturas efectos de claroscuro que son característicos de la pintura», destaca el restaurador.

Por ejemplo, el brazo izquierdo del Moisés está muy pulido, y también su pierna derecha, que sobresale entre la ropa. En ambos, el sol se reflejaba directamente. Forcellino opina que Miguel Ángel debió de hacer estos acabados en esta estatua y en el resto de la tumba de Julio II, una vez el conjunto escultórico estuvo colocado en la basílica de San Pietro in Vincoli. «Eso le permitió comprobar dónde la luz se proyectaba sobre las esculturas exactamente», argumenta.

Ahora se ha intentado devolver a la obra de Miguel Ángel su apariencia original. No se ha abierto de nuevo la antigua ventana que existía en la basílica, pero se han instalado fuentes de luz artificial. No obstante, la operación no ha sido fácil. Para ello, se ha medido la intensidad y el color de la luz en diversas horas del día alrededor de la basílica y en su interior. Y se ha creado un programa de ordenador que genera una iluminación que simula los cambios de luz a lo largo de la jornada. Todo el trabajo ha ido a cargo de Mario Nanni. La Sobreintendencia Especial para el Coliseo y el área Arqueológica central de Roma ha impulsado el conjunto del proyecto.

Mónica Bernabé / El Mundo