Paola Delfín, la muralista mexicana que recorre el mundo

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Ciudad de México. Su reto más grande, hasta el momento, es haber pintado sobre un muro de 40 metros que forma parte de la estructura de un edificio en Kiev, Ucrania. Ahí dejó Refugio, una joven sentada envuelta en plantas, con el cabello largo y suelto, y el torso y brazo derecho descubiertos, para mostrar a la comunidad que a pesar del conflicto social en el que viven pueden encontrar su propio espacio de tranquilidad.

Paola Delfín, de 27 años, forma parte del círculo aún reducido de mujeres que realizan arte urbano. Es mexicana y desde hace cinco años se dedica a hacer murales, recientemente pintó uno en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México inspirado en la reserva ecológica de esa casa universitaria.

Paola ha sorteado diversas barreras: mostrar que se puede vivir de hacer murales, abrirse espacios en un ambiente en donde predominan los hombres y lograr que crean en ella a través de su trabajo. Su impulso, dijo, es “recordar que tengo un buen de suerte para cumplir mi sueño al hacer lo que más me gusta”.

Desde niña mostró habilidades para el dibujo, pero no creció pensando en que se dedicaría a pintar por el estigma que rodea las artes sobre que sólo son hobbies. Por un momento estudió la carrera de diseño pero al poco tiempo la abandonó. “No creo en el modelo de escuela de tener que ir a una universidad por cuatro años, yo por lo menos creo que podría ser diferente”, no obstante acepta que es importante tener bases. Ella desde pequeña estuvo en clases de pintura y después se inscribió a diferentes cursos en la Academia de San Carlos.

Hace cuatro años empezó a pintar murales en México, trabaja por su cuenta y al principio comenzó a buscar espacios donde poder hacerlo y después conforme dio a conocer su trabajo ha sido llamada para diferentes proyectos. Su huella la ha dejado en Alemania, España, Noruega, China, Brasil, Estados Unidos y Argentina.

Paola, en entrevista, dijo que en su carrera, al desarrollarse en un ambiente predominante de hombres, ha sido señalada sólo por ser mujer en México y en otros países. Mencionó que le han comentado en festivales en los que participa: “No pensé que una mujer pudiera pintar así” o “a ver qué tal pinta esta chava”. Sin embargo, dijo que “son tonterías” a las que no presta atención pues no encuentra una sola razón que la diferencie entre su trabajo y lo que hacen sus compañeros.

Por eso, incitó a las mujeres a hacer lo que desean sin prejuicios. “El miedo existe siempre en todo lo que haces, nadie te asegura que porque te dediques en vez de pintar a hacer doctor que te irá bien, nadie te asegura que vayas a tener un montón de trabajo. Sólo tú te lo aseguras buscándotelo”.

Y añade: “Si yo lo intenté es porque no podía imaginarme en 15 años pensando que no me atreví a hacer lo que me gustaba y creo que eso puede pesar mucho”.

Aunque no tiene planes a largo plazo, sólo espera seguir pintando y viajando pues quiere que México también sea reconocido por este tipo de trabajos. Además quisiera aprender a hacer escultura, “expandir lo que hago pero seguir creando”, y compartir con talleres su conocimiento “en lugares en donde ni siquiera tienen oportunidad de acercarse al arte”.

Jessica Xantomila