Las Guerrilla Girls se asoman a la situación de la mujer en el arte

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El colectivo presenta la exposición ¿Es aún peor en Europa? en la galería Whitechapel

Muestran los resultados de una encuesta sobre diversidad que realizaron a 383 directores de museos y sitios expositivos

En más de 30 años estas artistas no han dejado de recordarnos con humor e ironía las injusticias de este sector, señala la curadora Nayia Yiakoumaki

Londres. –Ante la cercanía de la celebración del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), en un clima de preocupante regresión de los derechos humanos, se presenta en la galería Whitechapel de esta ciudad la exposición ¿Es aún peor en Europa?, de las Guerrilla Girls (GG), la cual permite asomarse a la situación de la mujer en el mundo del arte.

La muestra nació gracias a la iniciativa de Nayia Yiakoumaki, curadora del valioso y centenario archivo del museo mencionado.

Las GG, asentadas en Nueva York, se definen como la conciencia del mundo del arte. Enfundadas en ropa negra, usan siempre máscaras de gorila y seudónimos de artistas fallecidas, con lo cual protegen su identidad, para hacer más potente su mensaje.

Con un número variado de adherentes en el tiempo, denuncian en este ambiente, desde hace más de 32 años, el sexismo y el racismo.

No obstante las recientes exposiciones de mujeres artistas en los principales museos y citas de arte en Europa (Tate Modern, Musée D’Orsay, Bienal de Venecia, Museos Vaticanos, Kunsthalle Basel, etcétera), en la mayoría de los casos por primera vez en su historia, junto con el incremento en la oferta expositiva femenina la realidad es que en Europa el arte dista aún mucho de ser equitativo.

Las GG enviaron un cuestionario de 15 preguntas a los 383 directores de los museos y espacios expositivos en la Comunidad Europea para indagar, entre otras cuestiones, el porcentaje existente de mujeres y artistas no europeos ni estadunidenses en sus colecciones en los cinco años recientes, al cual respondieron tan sólo una cuarta parte de los interpelados.

Las conclusiones fueron puestas en la sala de la Whitechapel, en paneles sobrepuestos a los cuestionarios respondidos, dispuestos sobre una larga pared con la siguiente información: dos museos tienen 40 por ciento o más de mujeres artistas en sus colecciones. Otros 21 de los museos que respondieron tienen menos de 20 por ciento, de los cuales siete están en España.

Catorce museos tienen más de 20 artistas no europeos ni estadunidenses. El Witte de With, de Rotterdam, es el que acoge mayor número de programas de artistas con disconformidad de género (78), mientras el Guggenheim de Bilbao, junto con ocho más, ni uno solo.

Los curadores Nayia Yiakoumaki y el vasco Xabier Arakistain explican en entrevista telefónica con La Jornada que “la muestra nació con la finalidad de incluir el material recopilado, para integrarlo en un programa específico del archivo del museo, para documentar prácticas artísticas ajenas al mainstream y no registrados formalmente en los parámetros canónicos de la historia del arte, como el caso de las GG, quienes no han sido representadas por una galería ni han vendido su trabajo. Hasta tiempos recientes se habían movido únicamente en la periferia del mundo del arte.

“Ellas –continua la curadora– sugirieron que en lugar de hacer una recopilación histórica de su actividad, como inicialmente se les propuso, prefirieron crear un archivo que dejara una referencia estadística para el futuro.

“El título de la muestra retoma un viejo póster que las GG hicieron en 1986, el cual decía ‘Es peor en Europa; aunque en ese entonces no habían realizado ninguna investigación, sino únicamente pláticas informales entre amigos.”

Por su parte, Arakistain afirma en un texto de su página web, titulado Is it even worse in Europe?, refiriéndose a tal campaña de 1986: “Fue importante porque por primera vez expandían su búsqueda del otro lado del Atlántico (…) y se dieron cuenta de que las instituciones estadunidenses apoyadas por capital privado exponían ligeramente más mujeres y artistas negros que las instituciones europeas con fondos públicos.

“Las GG consideran –añade Yiakoumaki– que las juntas directivas encomiendan determinados programas de exposición en los museos porque están formadas por coleccionistas que obviamente protegen sus intereses, e invierten en artistas específicos.

Para las GG esto es una visión parcial de la historia del arte, una historia de la riqueza y del poder. Para lograr una historia del arte mayormente objetiva es necesario reflexionar sobre las relaciones que se tienen en el mundo real entre la gente. Al observar la demografía de una ciudad, por ejemplo, se entiende que no está poblada únicamente por el hombre blanco. Consideran, por tanto, que el modelo estadunidense que se está adoptando no es la historia que nos representa a todos.

Yiakoumaki admite que “en la década pasada ha habido una apertura significativa a la obra de artistas mujeres, al igual que de creadores no occidentales; sin embargo, las instituciones no invierten en ellos, no compran su obra, no los sitúan al frente de sus programas.

“Las mujeres ocupan en la Gran Bretaña 85 por ciento de los cursos universitarios en Bellas Artes y curaduría, como también forman gran parte del personal de galerías y museos. No entendemos el motivo de un porcentaje tan alto; algunos consideran que se debe a que es un sector con salarios bajos y con un voluntariado extenso, condición que generalmente aceptan las mujeres.

“En el reporte emergió que Polonia es una excepción positiva en su inclusión a la mujer (una media de 28 por ciento) respecto del resto del continente, y que la galería Whitechapel tiene muy buen porcentaje de muestras dedicadas a artistas extra europeos, pues en el periodo analizado, de 2011 a 2015, cubrió 45 por ciento de sus exposiciones colectivas, aunque tan sólo 13 por ciento de individuales, este último un porcentaje bajo, sin ser intencional, sino condicionado por nuestras fuentes de información que son limitadas y nos impiden llegar más a fondo en el conocimiento de los artistas.

“La exposición deja un mapeo de la actual situación de las artes en la Unión Europea, en un momento de crisis de identidad. Ambos aspectos constituyen una experiencia poderosa en la visita de la exposición de las GG, la cual ha sido una de las más concurridas en la historia de esta área del museo.

Considero que el valor de la labor de las GG a lo largo de más de 30 años ha sido su constancia: no han dejado de recordarnos las injusticias del mundo del arte expresadas con humor e ironía, y que siguen manifiestas concluyó la curadora.

Para profundizar sobre las GG se recomienda visitar su página www.guerrillagirls.com

Alejandra Ortiz Castañares / La Jornada