Al no ser fan de los cómics, debo confesar que conocí al personaje de Deadpool en la cinta animada Hulk vs Wolverine producida por Marvel, donde este tenía una divertida participación y posteriormente como muchos fui testigo de su extraña inclusión dentro de la cinta X-Men Origins: Wolverine. Supongo que debido a ese insulso acercamiento de mi parte, no encontré al personaje particularmente atractivo. Por eso no esperaba con ningún entusiasmo la nueva cinta Deadpool, además que me daba cierta desconfianza la exagerada campaña publicitaria alrededor de su estreno. Afortunadamente la película resultó mejor de lo que esperaba, y su (relativamente) austera producción no le impide ofrecer buenos momentos de acción, violencia, satírico humor, un protagonista bien construido, y una historia razonablemente interesante, aunque algo rutinaria.
Luego de una secuencia inicial brutal y sumamente ingeniosa plagada de meta humor, nuestro protagonista Wade Wilson (Ryan Reynolds) se presenta ante nosotros, para narrarnos su historia. Entonces a manera de flashbacks nos enteramos como el mencionado Wilson, un ex mercenario de las Fuerzas Especiales de EE.UU, pasa su vida realizando sencillos trabajos protegiendo a las adolescentes de acosadores, hasta que conoce a su novia Vanessa (Morena Baccarin), con quien pasa los mejores momentos de su vida. Sin embargo todo cambia cuando llega la terrible noticia de que está gravemente enfermo. Sus días están contados y por eso, para salvar su vida, decide ganar tiempo sometiéndose al “Arma X”: un experimento secreto que provoca una alteración genética en su organismo, deteniendo así la enfermedad, pero dejándolo horriblemente desfigurado y a merced de los siniestros planes de sus ahora captores. Por ello y haciéndose renacer como un indestructible antihéroe cuyo nombre es Deadpool, buscara venganza contra quienes casi destruyen su vida.
La trama es risiblemente simple y plagada de clichés, pero no importa, pues en realidad es una mera excusa para hacernos reír con la interacción de Ryan Reynolds con los distintos personajes y situaciones, cuya satírica gracia nos hace formar parte del chiste alrededor del cine de superhéroes. No sé si su actuación es buena en el sentido tradicional, pero es obvio que está divirtiéndose de lo lindo, y bajo la dirección de Tim Miller, logran contagiarnos con su subersivo humor e irreverente actitud, pues estos no vacilan en hacer cualquier ridiculez, utilizar la más extrema violencia y chistes políticamente incorrectos para provocar risas… cosa que logran con bastante frecuencia.
Lo que nos lleva al otro punto fuerte de Deadpool, y este es el libreto co-escrito por Rhett Reese y Paul Wernick. Lejos de tomarse en serio, como cualquier reciente adaptación de comic, la cinta no pierde oportunidad de burlarse de su propio origen, de los clichés que abundan en el género, y de los estereotipos comunes en las cintas de acción. Hay tantos “in-jokes” que sería muy conveniente verla en más de una ocasión para disfrutarlos plenamente, y aunque la trama “formal” sea excesivamente simple y carente de misterio, el énfasis de la cinta no radica en como el protagonista cumple su venganza, sino en la evolución de los personajes y el desarrollo de su dinámica. Además, Reynolds cuenta con el apoyo de un excelente ensamble de actores en papeles secundarios que hacen memorable hasta al personaje más irrelevante; entre ellos están la extraordinaria Morena Bacarin como la novia de Wilson, quien muestra extraordinaria química con Reynolds; TJ Miller como un ácido cómic relief; y desde luego la imponente Gina Carano como una mal encarada villana que intimida con su sola mirada.
Por el lado negativo podría decir que la película pierde cohesión hacia el final, pues los chistes terminan tomando precedencia sobre la estructura de la cinta; y el humor tiende a apoyarse demasiado en sátiras que quizás algunos espectadores no encontrarán particularmente relevantes o graciosos. Pero bueno, a fin de cuentas el propósito de Deadpool no es asombrarnos con una historia sólida y emocionante, sino hacernos partícipes de las tonterías y guarradas del protagonista, lo cual hace sorprendentemente bien; entonces puedo recomendarla con la advertencia de que no hay que esperar una típica cinta de superhéroes, sino una cínica, violenta y ácida parodia que no se detiene ante nada (literalmente) para hacernos reír.
Por Cuauhtémoc Ruelas
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