Cine sobre el underground palestino y los tabúes

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Hamoud forma parte de una ola de directoras palestinas con pasaporte israelí que, sin aparcar la causa de su pueblo y la crítica a Israel, se atreve a denunciar las rígidas y silenciadas cadenas sociales y religiosas.

Desde el estreno de su primera película en el Festival de Haifa hace pocos meses, Maysaloun Hamoud (Budapest, 1982) alterna premios, viajes y polémica. Con un valiente proyecto en torno a tres palestinas que comparten piso, temores, sueños y muchos cigarros en la “pecadora” Tel Aviv, la directora denuncia los tabúes de la sociedad patriarcal árabe y reivindica el papel de la mujer del siglo XXI frente a los estigmas machistas del pasado que se resisten a desaparecer. En su debut, Hamoud tampoco se olvida de trazar pinceladas de racismo.

La película israelofrancesa Bar Bahar (en español, Entre Dos Mundos) retrata las vivencias de Laila, Nour y Salma atrapadas entre las rígidas pautas de conducta marcadas por sus orígenes y las vicisitudes sexuales y líquidas en la metrópoli.

“La obra nace de algo que conozco muy bien porque lo viví. Es el underground palestino que no se ha visto antes en la gran pantalla. Es una radiografía de la sociedad palestina a través de las protagonistas y sus familias”, afirma a EL MUNDO la directora que se define “palestina y ciudadana israelí”. Nacida en Budapest, donde su padre, comunista, fue a estudiar medicina, Hamoud creció en una aldea árabe de la Galilea antes de irse a vivir a Tel Aviv donde estudió cine.

La cinta ha sido premiada en San Sebastián, Toronto y Haifa. Donde no verá galardón es en la localidad árabe de Umm El Fahm, al norte de Israel. La ira de su ayuntamiento se ha traducido en una carta al ministerio de Cultura exigiendo la retirada de la película. “Es propaganda que distorsiona el estilo de vida tradicional, conservador y religioso en la sociedad árabe. Es ofensiva hacia el Islam y los habitantes de Umm Al Fahm”, argumenta la misiva firmada también por el Consejo Islámico. De esa ciudad procede el integrista Wissam que maltrata a su dulce prometida Nour a la que acusa de “estropearse por impuras compañías”.

“Los hombres conservadores se movilizaron ante una película que hace dudar del sistema existente y sirve de espejo no favorable del hombre palestino que controla y oprime a la mujer. Tampoco les gusta que las chicas se unan contra ello”, comenta Hamoud que resalta que el sistema patriarcal no sólo se da en su sociedad. Pero la directora prefiere centrarse “en la espectacular acogida entre los palestinos dentro y fuera de Israel. He recibido críticas, insultos y amenazas pero la mayoría de reacciones son positivas y sólo hay que ver el número de espectadores. La película hace historia porque nunca se ha visto un film palestino sobre estos temas”.

Las protagonistas son interpretadas por tres chicas que debutan ante una cámara. Gente real. Como la forma de captar una violación o los intentos de un matrimonio de una pequeña aldea para casar a su hija “exiliada” a Tel Aviv. Cuando descubre que no es una profesora de música sino una DJ lesbiana, su padre le da una bofetada y un consejo: ingresar en un hospital “para curarse”.

¿No tuvo miedo de mostrar a dos palestinas lesbianas besándose?, preguntamos a la directora. “No. Cuando decides hacer algo en lo que crees, lo haces”, responde Hamoud expresando en la entrevista su deseo de que Bar Bahar sea visto también en Cisjordania y los países árabes.

De momento, logra algo muy meritorio en una época de tanta tensión y desconfianza en Israel: la gran acogida del público judío que no suele entrar en una sala para ver una historia de 102 minutos en árabe. El israelí se entera de repente que en Tel Aviv también habita una loca noche palestina. Con sexo, drogas y rock and roll.

Hamoud apunta que la vibrante burbuja de Tel Aviv tiene dos caras. “Por un lado, es la gran ciudad judía que nunca me verá como parte integral suyo al ser palestina. El racismo se ve por ejemplo cuando hay que buscar trabajo o en los controles de seguridad en aeropuerto. Por otro lado, me permite vivir la vida como quiero sin hacer caso a los dictados de la sociedad patriarcal y machista”, concluye sobre su primera criatura cinematográfica que tendrá hermanos. La trilogía está en camino.

Sal Emergui / El Mundo

 

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