“Somos amor: En eso consistieron realmente los 60”

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Donovan celebra los 50 años de ‘Sunshine Superman’, el disco que inauguró la psicodelia, con una gira de conciertos

“Sin ayuda de nadie, Donovan inició la revolución psicodélica con Sunshine Superman“. El Salón de la Fama del rock and roll honró con estas palabras a Donovan Leitch (Glasgow, 1946) en su ingreso en la institución. Aquel disco de 1966 abrió las puertas de la percepción de una generación de grupos y oyentes por todo el mundo. Los propios Beatles se inspiraron en él para hacer el Sgt. Pepper’s y la presencia de Donovan fue uno de los mayores estímulos en aquel trascendental viaje del grupo de Liverpool a la India en 1968. “Le ha llevado unas décadas al mundo exterior ubicar en una perspectiva histórica mi obra y, en concreto, este disco. Pero los bohemios de 1965 siempre supieron lo que había creado”, sonríe el cantautor escocés.

Con motivo de los 50 años de aquella revolución psicodélica de Sunshine Superman, Donovan se ha embarcado en una gira que llega el día 9 a Madrid (Teatro Lara, dentro de la programación de Son Estrella Galicia) y que luego pasará por Gijón (día 11) y Lérida (día 12).

Pero Sunshine Superman “es mucho más que el primer disco psicodélico”, como apunta el músico. “Como heraldo de lo que estaba por venir, anuncié por primera vez el Flower Power y la meditación, y presenté al mundo las primeras fusiones de world music: folk, clásica, jazz, música india, celta, árabe, caribeña…”

Muy joven, con 16 años, ya había configurado su visión artística: “Devolver la poesía a la cultura popular y la sabiduría ancestral de la mitología gaélica al mundodes-velar los misterios”. Todo, con el único propósito de “revelar el verdadero potencial de la evolución de la consciencia: los futuros superhombre y supermujer del poder místico y la compasión. Todo esto lo presenté y lo conseguí a escala mundial, y siendo cuatro años más joven que los Beatles, los Rolling Stones y Bob Dylan en aquella época”, se jacta.

Ha pasado medio siglo, pero Donovan sigue siendo aquel hippy de libro que predica el viaje interior y la conexión con el cosmos. También sigue con Linda Lawrence, a la que conoció en aquella época. “Ella estaba en la misma senda de redescubrir sus vidas pasadas, así que se convirtió en la musa de mi disco“, relata. Y pone como ejemplo Legend of a girl child Linda, segunda canción del álbum.

Donovan subraya que, para él, “la psicodelia no es sólo un grupo tocando puestos de ácido”. Como joven artista bohemio, leyó “los sagrados libros de las enseñanzas del yoga y de los chamanes tribales indígenas, que hablaban de la realidad trascendental dentro de nosotros y de todos los planos materiales. Invisible a nuestros órganos sensitivos, un mundo supra-sensible interior, nunca creado y que nunca morirá. El Campo Unificado del que surgen todas las formas materiales y al que terminan volviendo”.

“Las formas”, indica, “parecen reales pero son espejismos de solidez, hechas de átomos giratorios que crean una ilusión de permanencia. Nada es real, sólo la realidad interior trascendental es real. Estas enseñanzas resonaban en mí a medida que, intuitivamente, sentí que eran reales. También leyó “a los psicólogos modernos, a Freud Jung, que nombraron a esta realidad interna como ‘psyché‘ y ‘el inconsciente’. Y supe que el viaje interior está descrito en todos los mitos y leyendas, con esas fuerzas oscuras que hay que superar”. Según él, “si no nos convertimos en el héroe y la heroína de este viaje interior para vencer a esta oscuridad, no estaremos completos”.

Por eso, el contacto con las sustancias enteógenas es para él una cuestión importante. “Cuando me ofrecieron mi primer LSD (puro y legal en aquel 1964), lo tomé con alegría. Realmente quería estar con los chamanes y beber té de hongos, o sentarme con los yoguis y sumergirme profundamente en la meditación”.

“Las plantas sagradas y las secretas sabidurías tradicionales han sido siempre los maestros de la humanidad”, sostiene. “Las amanitas y las hadas que se sientan en ellas tienen alas para volar adentro”. Donovan cree que “la exploración de nuestro mundo interior es un camino bien conocidos por los yoguis orientales, pero desconocida en Occidente, debido a la gran represión de las religiones recientes en su intento de controlar las tribus que iban conquistando“.

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Las puertas de la percepción

William Blake escribió: “Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna”. ¿Y qué significa infinito?, se pregunta Donovan. “Con las plantas sagradas y sus modernas copias moleculares, la mescalina y el LSD, uno puede experimentar la unidad de todas las criaturas vivientes; tomamos consciencia de que somos todos. Y miramos con asombro al Esplendor y sabemos que somos el Esplendor”.

Lejos de la idea de que lo psicodélico te aísla del mundo, Donovan defiende lo contrario, que sirve para la empatía: “Somos el planeta que estamos matando, somos el soldado que estamos destruyendo, somos también lo que pensamos realmente”. Y echa mano del cuarto nivel de consciencia al que se refieren los upanishads indios, “la visión superconsciente trascendental, el Campo Unificado, el infinito, según Blake”. Con esta experiencia, “puede aparecer una profunda compasión hacia todos los seres vivos”. Es lo que que, “en términos humanos, llamamos ‘amor’. Cuando uno entra en nuestra realidad interna, puede sentir una compasión que lo supere, un amor por todas las criaturas en cuanto son todas nuestro ser. Somos amor: en eso consistieron realmente los 60″.

Donovan subraya que las letras de Sunshine Superman hacen referencia a algunas experiencias de este viaje interior: “Mira a los pequeños océanos en mi mano. / Olas de color líquido tocan la arena. / Doce martines pescadores“, canta en Three kingfishers. “David Gilmour me dijo que esta letra en particular le animó a llevar Pink Floyd mucho más lejos o, como yo diría, mucho más adentro”.

En esta conexión interior con el todo, Donovan también tiene algo que decir de la abulia que apoltrona a las estrellas de la música contemporáneas. “La razón por la que los compositores de hoy no escriben de rebelión ni de revolución es porque el ‘Renacimiento’ sólo sucede de cuando en cuando, después de periodos de gran sufrimiento. Son resurgimientos de las enseñanzas perdidas de las culturas antiguas, como contrapunto al padecimiento. Así, el Renacimiento del siglo XV vino después de una era oscura de supresión de la libertad de pensamiento y de la destrucción de las ‘sanadoras’, que la sociedad llamó ‘brujas’. El ‘Renacimiento’ de los 60 vino después de dos catastróficas guerras mundiales, una cruel Depresión, la detonación de la bomba atómica y la materialización de la destrucción sistemática del ecosistema. La generación de los 60 se alzó para equilibrar esta loca dominación masculina que asesinó a tantos millones y envenenó el aire puro y las aguas puras de nuestra Madre Tierra. Los compositores de hoy deberían grabar mis canciones, que son todavía relevantes, al menos mientras el veneno continua vertiéndose en los ríos, los cielos y también en el sistema educativo”.

La música es para él “el arte curativo más potente”. Siempre fue consciente de que “estas vibraciones nos afectan. Las antiguas sabidurías de los bardos enseñaron a los poetas el modo de desplazar estas vibraciones invisibles a través de estructuras poéticas y del sonido de la lira y de su voz. Mi padre, Donald, heredó en Escocia este poder vocal en sus lecturas de poesía y sus monólogos”. Es un talento tradicional “de irlandeses, escoceses y galeses. Los romanos no lo destruyeron, ya que no consiguieron conquistar nuestras tierras“.

Así que, desde muy pronto, supo una cosa: “Que yo traería un sonido muy diferente a este mundo, que sería un heraldo de cosas por venir. Estoy especialmente situado en esta vida para hacerlo. El sonido que yo traigo se centra en la mente errante. Es la habilidad de la que estoy dotado como poeta de la Orden Gaélica de Bardos, Filis y Olaves. En concierto, el sonido de mi voz y de mi guitarra puede captar la atención de mi público para acercarlo a nuestra realidad interior, aunque no lo sepa cuando está sucediendo. Esto es más necesario hoy que nunca”.

“Soy un outsider de la música popular, aunque la haya innovado y llevado a niveles de experimentación musical, técnicas de grabación, fusiones con las músicas del mundo y virtuosismo vocal e instrumental”, asegura. Pero, en el fondo, quizá sobren tantas palabras: Venid a mi concierto y experimentaréis lo que digo.

Y deja un último consejo: “Es la forma en la que miras lo que sucede y cómo dejas que fluya, sin estar atado a resultados. Todo esto te da el poder de permanecer equilibrado y asombrado ante este bello universo en el cual estamos tan bendecidos de haber nacido”.

Darío Prieto / El Mundo