Metallica cimbra su poder en noche sagrada de metal en la CDMX

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Ciudad de México. Y cuando parecía que ya no había espacio para escuchar a Metallica el público se contrajo con el preámbulo de una partitura de Ennio Morricone, para la cinta The ectasy of god y dar paso al movimiento telúrico en el Foro Sol con la rola de apertura Hardwired con riffs a mil por segundo.

Ulrich en los tambores aporreando indelicadamente, Trujillo raspando el bajo inmisericordialmente, Hammett surcando magistralmente la guitarra y Hetfield en la voz omnipresente comenzaron a ungir a sus fieles fanáticos.

Antes sin artificios, torso desnudo, con rolas surcando/paseando por la memoria el seminal músico Iggy Pop demostró lo que debe ser exactamente un músico abridor.

Pateándose todos los rincones del extenso escenario, el seminal y símbolo del punk rock se comportó a la altura, no tan salvaje como en sus mejores épocas, pero sí arrancó de manera intermitente, algo de lo más representativo de su emblemática música como I wana be your dog, The passenger y Lust for life, entre otros de sus éxitos que desempolvó para cautivar a los 65 mil asistentes que se quedaron boca abierta con el manejo escénico de Mister Iggy Pop.

Incluso hasta se aventó al público, lo interpeló, lo provocó, lo fascinó y lo extasió donde su grito de guerra fue Come on motherfuckers. Cuando Mister Iggy Pop abandonó el escenario el público ya estaba puesto para migrar del punk al metal.

La familia Metallica
Cuando Metallica salió Hetfield saludó: “¡¡¡Oh, oh, oh!!!, ésta es nuestra segunda casa. No me importa quiénes son, con quien están casados ni de dónde vengan ahora somos parte de la familia Metallica” y soltó For whom The bell tolls; que estuvo de alarido.

Siguió The memory remains con la que el público se convirtió en un orfeón inmaculadamente afinado, poderosísimo que afectó gratamente al cuarteto estadunidense.

Hammett preludió Welcome Home, la enorme pantalla dividida a manera de biombo de cinco hojas, en las de los costados equidistantes los dedicó a cada uno de los integrantes de Metallica para patentar su incuestionable manejo instrumental y las del centro imágenes de un enfermo mental que incesantemente se azotaba contra las paredes del cuarto del hospital siquiátrico.

A partir de ese momento el concierto no tuvo punto medio llegaron rolitas clásicas como Master of pupets, Seek and destroy; con slam dance en todos los rincones de la plancha del Foro Sol; también hubo rolitas nuevas como Moth into flame (con buenos micrófonos eso sí).

Así la homilía continuó, donde los fieles fanáticos subyugados por el infinito poder de Metallica trasmutaron la ceremonia en la noche sagrada del metal una vez más, y se repetirá el 3 y 5 de marzo.

Jorge Caballero / La Jornada