Javier Bátiz, el eslabón que afianzó el rock mexicano

9

Rindieron homenaje al músico por 60 años de trayectoria, en el Zócalo capitalino

Con el Palacio Nacional como telón de fondo, se realizó el concierto Las clásicas de Javier Bátiz, homenaje sinfónico por 60 años de rock del músico. La plancha del Zócalo capitalino fue el espacio elegido para rendir homenaje a la trayectoria del tijuanense en el 33 Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Personas de todas las edades, seguidores de géneros roqueros diversos, punks, metal, ska, blues y rock a secas, llegaban en grupitos a la plaza mayor. Alrededor de las 18 horas, una voz grave –algunos pensaron en Alejandro Lora– anunció el comienzo del espectáculo: César Bono presentó al homenajeado, no sin antes recordar, entre risas, que cuando era adolescente él entraba gratis a las tocadas cargándole la guitarra a Javier, quien llegó al escenario sonriente. De inmediato, dio la pauta a la Orquesta Filarmónica Metropolitana para empezar el concierto con Caminata con Jesús.

Desde las primeras notas de esta pieza instrumental, Javier Bátiz demostró su técnica y manejo de la tijuanera –su guitarra– con su clásico estilo: armando arpegios, estirando las cuerdas y alzando la cara al cielo.

Entre chistes y expresiones de agradecimiento, el Brujo hizo desfilar a cada uno de sus invitados: la primera en aparecer y hacer sentida versión de una de las primeras composiciones de su hermano, fue Baby Bátiz, ella cantó Solo, pieza escrita para un registro vocal falseteado.

Después de presentar a Bayoye, viejo compañero de andanzas bluseras, Javier Bátiz llamó a Toño Lira, líder de Liranrol, para que interpretara La montaña. Luego El vuelo del ángel se escuchó a dos guitarras: la de Julio Revueltas y la del festejado.

Elohim Corona y Rosalío León se incorporaron en Si estuvieras aquí y La flor de sans, respectivamente. Los aplausos antecedieron a la interpretación de Pacífico Jardín por Eugenia León, en la voz principal, y Baby, en las armonías.

En su intervención, Dr Shenka subió los ánimos con la energía skatera que posee al cantar Tierra de nadie. A manera de despedida, el cantante de Panteón Rococó afirmó: Javier Bátiz es un eslabón muy fuerte que afianzó el rock mexicano.

Enseguida, Bátiz y su banda, traída exprofeso de Tijuana, cantaron I Believe to my Soul, con Claudia Madrid en la batería.

La megapantalla colocada al centro del escenario, captaba las intervenciones de los músicos de atril, sin descuidar las reacciones de los invitados y de los festejos del numeroso público que con gritos y aplausos reconoció la valía del ensortijado rocanrolero, quien a principios de los años sesenta del siglo pasado, trajo el blues al entonces Distrito Federal.

La casa del sol naciente

La mejor manera de hacer que los asistentes disfrutaran de este ritmo fue la versión de La casa del sol naciente cantada con esa negritud muy a la Bátiz.

En el último tramo del concierto se escuchó Hard Life y se armó un combo con Fernando Bahauks en la batería, Guillermo Briseño en teclados y algunos de los invitados en los coros.

La tocada concluyó con una larga versión de la eterna rola de Van Morrison Gloria, coreada por Norma Valdés, Claudia Madrid, Paola Lozano, con las sonoridades de la orquesta dirigida por José Areán.

Al terminar la música, el autor de Si estuvieras aquí dio un paseíllo entre los asistentes de las primeras filas, que lo despidieron con la tradicional porra de Olé olé olé Bátiz, Bátiz…

El homenaje a Javier Bátiz fue organizado por la Secretaría de Cultura capitalina.

Javier Hernández Chelico / La Jornada