Uno empieza a leer la última colección de relatos de Adam Johnson, quizá con la guardia un poco baja, y sólo con las primeras páginas probablemente ya se verá obligado a hacer un pequeño alto y recapitular la cantidad de conceptos audaces vertidos hasta el momento. En esos primeros compases de la primera de las historias, “Nirvana”, el autor ya ha construido un mundo chocante y unos personajes de alto voltaje emocional. Sólo en 20 páginas: el presidente ha sido asesinado; el protagonista ha creado una app que genera una especie de avatar post-mortem descargable del mandatario, para solaz de sus millones de fieles; la esposa del protagonista está postrada en cama, víctima de una rara condición nerviosa, y le pide que, llegado el momento él la asista en su eutanasia; y además un dron se infiltra en casa de la pareja a espiarlos, por Dios sabe qué motivos. Un mundo casi propio de Black Mirror en una propuesta literaria que no baja la intensidad en los cinco relatos que siguen. Historias no tan abiertamente distópicas pero que, con más sutileza o mala uva, lo ponen a uno del revés. ¿Cuánta diferencia hay entre un mundo hipertecnificado y ese opresivo e inhumano ambiente de una cárcel de la Stasi donde reinaba el protagonista de otra de las historias, ahora ya jubilado e intentando justificar sus actos como en un eterno juicio de Núremberg? Johnson tiene una capacidad extraordinaria no sólo para examinar las interioridades de personajes en situaciones límite (las víctimas del Katrina, una madre enferma de cáncer terminal) sino para ponerse en la piel -esas veces en las que el uso de la primera persona es simplemente aterrador- de seres cuyos actos encierran una intensidad moral, para bien o para mal, insostenible. Leer “Pradera oscura” e infiltrarse en los macabros mundos de la pornografía infantil de la mano de un pederasta representa una lectura a ratos casi insoportable. Pero también un lúcido viaje hacia el núcleo de lo ético, lo moral y lo incomprensible, una sofisticada exploración de todos los rincones del alma y el cerebro humanos.