“Inventario”, una antología de la labor periodística de José Emilio Pacheco

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Durante 41 años, José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939-2014) escribió una columna semanal titulada Inventario, en la cual se asumió como cronista, pero también se transformó en autor futurista, novelista de aventuras, en historiador y memorialista. Por ejemplo, narró encuentros imaginarios entre Amado Nervo y Ramón López Velarde, explicó por qué la fama de los chicles la iniciaron los estadunidenses gracias a Antonio López de Santa Anna o qué conocimientos pasaron al olvido por la urbanización. Esos textos ahora se reúnen en la antología Inventario.

“Esta edición es el retrato de la mente de José Emilio Pacheco y de sus curiosidades. El tono común es el de cronista, pero también nos encontramos con un laboratorio de los muchos escritores que pudo ser y que de alguna manera cumplió en Inventario: el novelista de aventuras, el autor de conjeturas sobre el futuro, el retratista de admiraciones y de escritores a los que él juzgaba esenciales para la tradición mexicana”, destacó el escritor Juan Villoro durante la presentación del libro.

La publicación, editada por Era, contiene una selección cronológica de los textos que Pacheco publicó en Excélsior y Proceso de 1973 a 2014. Esta selección en tres tomos fue hecha por los escritores Eduardo Antonio Parra, Héctor Manjarrez, José Ramón Ruisánchez y Paloma Villegas.

En palabras de Juan Villoro, Premio Crónica 2015, dicha antología era una de las obras más esperadas de la literatura mexicana, la cual permaneció inédita como libro porque varias veces José Emilio Pacheco se rehusó a revisar y corregir sus textos, no por falta de interés, sino por el arduo trabajo que implicaba una compilación.

“En Inventario vemos al autor de conjeturas sobre el futuro, no precisamente a un autor de ciencia ficción, sino a un escritor contrafactual, por ejemplo, Pacheco pregunta: ¿qué hubiera pasado si Álvaro Obregón no hubiera sido asesinado en 1928 en el restaurante La Bombilla?”, detalló Villoro.

La conjetura de Pacheco fue que ese general habría sido un dictador más férreo que Porfirio Díaz, pero otra pregunta que lanzó y que se incluye en la antología, es: ¿qué hubiera pasado si Ramón López Velarde no hubiera muerto a los 33 años?

“¿En qué tipo de poeta se hubiera convertido?, porque fue maestro en la Escuela Nacional Preparatoria de Miguel Alemán y éste, al ser presidente, quizá le hubiera dado un hueso reconociendo a su antiguo maestro y le hubiera tocado la Guerra Cristera siendo él, el gran poeta católico de México, tal vez habría tomado partido por la causa de los cristeros”.

Para Villoro, estos ejercicios de imaginación son interesantes porque José Emilio Pacheco pasó de la estética, a la vigencia de autores y personajes históricos y al mismo tiempo, a la reflexión.

“En un Inventario narra que un día se encuentran en la esquina de Madero y Eje Central los fantasmas de Amado Nervo y de Ramón López Velarde, ambos ven cómo la tradición los ha juzgado. López Velarde es visto como el gran poeta de México y el más leído, pero Nervo es un poeta olvidado; sin embargo, López Velarde lamenta que la gente ya no lea poesía. En cambio, Nervo, tiene una actitud más populachera y dice: los nombres propios son lo de menos, al final de cuentas importa que la gente lea algo y que se puedan convertir en un sólo poeta”, comentó Villoro.

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PRÓXIMOS LIBROS. Marcelo Uribe, director de Ediciones Era, señaló que aún hay otros proyectos editoriales en proceso sobre la obra de José Emilio Pacheco y los dos próximos serán la edición de Cuatro cuartetos, de T. S. Elliot que tradujo el autor de Las batallas en el desierto, además de una compilación de poemas bajo el título Aproximaciones.

Sobre Inventario, el editor comentó que fue una columna que nació anónima. “En algún momento José Emilio fue a dar un curso a Canadá y dejó la columna un tiempo, entonces Ignacio Solares se la ofreció a Gustavo Sainz y él la retomó con el nombre de Baúl mundo, pero cuando la gente empezó a confundir ambas columnas, Pacheco empezó a poner sus iniciales: JEP” .

El trabajo que hizo el poeta durante cuatro décadas, añadió Uribe, es una muestra de precisión, limpieza y perfección. Sobre esa obsesión de corregir para perfeccionar su obra, Juan Villoro destacó la relación que Pacheco tuvo con Fernández Benítez (Ciudad de México, 1912-2000) y Juan José Arreola (Jalisco, 1918-2001).

“Fernández Benítez nunca publicaba una obra hasta que José Emilio Pacheco la corrigiera. Pacheco fue el amanuense de Juan José Arreola, por ejemplo, Bestiario, él lo editó, Arreola era un excelente orador entonces (se comenta que) le dictó el Bestiario pero no sabemos si José Emilio le corrigió cosas, no sabemos si la puntuación es de Arreola o de Pacheco”.

Por último, Villoro señaló que a propósito de la publicación de Inventario, decidió junto con El Colegio Nacional publicar en libro la conferencia La vida que se escribe. El periodismo cultural de José Emilio Pacheco que dictó en la inauguración de la Cátedra José Emilio Pacheco en la Universidad de Meryland.

“Ahí destaco cosas poco conocidas sobre las que escribió Pacheco. Por ejemplo, cuando López de Santa Anna fue capturado por un militar norteamericano se puso a mascar chicle, entonces al militar le pareció extraño y le preguntó qué era eso, a lo que Santa Anna respondió: chicle. Ese militar se llamaba Adams. Ése fue el nacimiento de los chicles Adams. No sólo perdimos la mitad de territorio sino que todos los chicles se fueron de México. Ese tipo de minucias están en los tres tomos de la antología”.

Reyna Paz Avendaño / Crónica